21 de octubre de 2013

PIENSA MAL Y SUFRIRÁS


¿De dónde surgen los pensamientos? Básicamente surgen de tus expectativas, de las creencias que tienes, al igual que el resto de personas, acerca de ti mismo, de los otros y el funcionamiento del mundo en general. En definitiva, de la manera con la que miras tu universo. Y llegas a hacerles tanto caso que los tomas por la verdad absoluta, y eso puede ser doloroso.  

         Si prestas atención por unos segundos a tus pensamientos, te darás cuenta que estos están continuamente cruzando tu mente, sólo cuando de forma deliberada los buscas, eres consciente de los mismos. Por ejemplo, ¿qué estás pensando ahora que lees estas líneas?, obsérvate unos segundos. Tal vez te digas que esto de los pensamientos era algo que ya sabías, o que es un tema interesante, o tal vez te preguntes ¿cómo no me he dado cuenta antes? Lo cierto es que puedes pensar cualquier cosa. Y eso no es un problema, este surge cuando lo que piensas conlleva que te sientas mal. Por eso, una manera de empezar a tomar consciencia de lo que te dices, pasa por sentir tus emociones. Si te sientes mal pregúntate que ideas están cruzando tu mente. Así empezarás a ser consciente de tu flujo de pensamiento.

Generalmente los pensamientos que causan malestar hablan en primera persona, como si fueran tu voz, por tanto, los crees a pies juntillas. Pero no son tu persona, son tus pensamientos. Y tienen una serie de contenidos que son la gasolina para encender tu malestar, al observarlos pones de manifiesto los mismos y eso ya es un paso para que se dé la posibilidad de cambiarlos. Estos contenidos son:
·         Culpabilizadores. Te culpan de lo que no funciona: «Si no fuera por mi dolor mi familia podría ir al campo», «me han despedido del trabajo por no ser capaz de aguantar el dolor», «he cansado a mi pareja y se va a separar» etc.
·         Comparativos. Te comparan continuamente con quien fuiste o con otras personas y en la diferencia sales perdiendo: «Hay que ver con lo que yo he sido», «todos en casa cumplen con lo suyo menos una servidora», «El resto de personas no está tan mal como yo», etc.
·         Perfeccionistas. Te exigen la perfección y cuando no la consigues te castigan: «No tengo tiempo para ir a dar un paseo debo dejar la casa totalmente recogida», «no me puedo relajar hasta que todos se hayan acostado y ya no quede nada por hacer de lo contrario sería una caradura», «tengo que conseguir aprobar el doctorado y trabajar a la vez, por encima de mi fibromialgia», etc.
·         Pertenecen al pasado. Te recuerdan continuamente errores y fracasos y los logros nunca aparecen: «No voy a aprender nunca», «siempre igual, no soy capaz de hacer nada bien», etc.
·         Irrespetuosos. Te describen de una manera irrespetuosa y dañina: «Soy una persona torpe», «estoy gorda como un enorme donuts de 50 kilos», «menuda depresiva llorona estoy hecha», etc.
·         Adivinos. Tienes la seguridad de saber lo que otros piensan y sienten, sin haberlo compartido con ellos: «Seguro que mis amistades no me llaman porque han dejado de interesarse en mí», «mejor no voy a esa reunión pues la gente pensará que soy tonto», «seguro que mi marido ha dejado de quererme», etc.
         Cuando piensas en tus circunstancias, interpretas tu realidad en base a lo que esperas de ella y a lo que estás acostumbrado a mirar. Por ejemplo: Hay personas que ante una misma circunstancia tan sólo perciben aquello que no les gusta y se molestan por ello, otras, sin embargo, se fijan en cuestiones diferentes pues no desean sentirse mal. ¿Qué significa esto? Que lo que pensamos es un producto de nuestra subjetividad. Algo lógico, pero también puede ser un problema, pues en ocasiones, nuestra manera de pensar está llena de errores. Errores que hacen que interpretemos las cosas de una manera limitada, y por tanto, acarrean malestar sin necesidad de ello. Pero ¿Por qué conllevan malestar? Básicamente porque:
·         Son imprecisos e inexactos: «Llevo dos días con un dolor paralizante, nunca se me va a pasar» ¿Nunca? ¿No se pasará en ningún momento en los próximos días o semanas o años? Lógicamente ante un pensamiento así sentir desesperanza es lo mínimo. ¿No crees?
·         Etiquetan personas y situaciones: «No conozco a este médico pero seguro que es como los demás y no me hace ni caso». En el ejemplo, la persona aún no ha tenido oportunidad de ver cómo trabaja el profesional pero ya le prejuzga y seguramente se mostrará con recelo y desconfianza ante él.
·         No atienden a razones, sólo a las emociones: «Si me siento desesperada es que mi situación no tiene solución». Tus emociones no son la realidad, de hecho puedes sentir que el mundo se hunde a tus pies, y al cabo de un rato descubrir que las cosas han cambiado.
         Creo que estarás de acuerdo conmigo en que todo lo que sea malestar sobra. Si reconoces estos errores caer en su trampa será más difícil. ¿Cómo puedes reconocerlos?  En próximas entradas te lo cuento

 
Publicar un comentario

Protegido Derecho de Autor