25 de septiembre de 2013

LOS TRES CEREBROS HUMANOS


Michael Gershon (1998), de la Universidad de Columbia puso de manifiesto la existencia de un segundo cerebro en nuestro cuerpo. Estaría situado en capas de tejido que forran el esófago, el estómago, el intestino delgado y el colon, y es capaz de influir sobre el estado de ánimo y sobre la salud. Es llamado cerebro entérico. Demostró cómo los mismos neurotransmisores, sustancias químicas producidas por las terminaciones nerviosas y que actúan como mensajeras entre las neuronas que operan en el cerebro, se encuentran también en el estómago. Por citar un ejemplo, la serotonina, importantísima sustancia que actúa, entre otras áreas sobre nuestro estado de ánimo, se produce ¡hasta en un ochenta y cinco por ciento en el cerebro entérico! y así hasta treinta neurotransmisores más. Pero no quedan aquí los descubrimientos, también se sabe que este segundo cerebro actúa de una forma bastante autónoma respecto del cerebro de nuestra cabeza, está conectado con él pero nadie le dice cómo ha de operar.
 
¿Significa eso que vamos a razonar con el estómago? De momento no es esa su función, pero cuando el entérico está “malo” entorpece la capacidad de funcionamiento del cerebro pensante. Su cometido está centrado en el control intestinal. Las similitudes de estructura y bioquímica entre ambos explican por qué los medicamentos destinados a los trastornos mentales afectan a los intestinos, y viceversa. Pero además de esta relación corporal, hay una experiencia de aprendizaje, la que se da entre nosotros cuando somos pequeños, y los adultos que nos alimentan, generalmente nuestra madre. Resulta que cuando nos da el pecho o el biberón no sólo calma nuestra hambre, emocionalmente nos reconforta, nos protege y nos da amor, de ahí surge una relación importantísima entre la alimentación y el bienestar emocional.

Pero no sólo con el estómago están relacionadas las emociones. Dice un refrán muy conocido: “Ojos que no ven, corazón que no siente”. Pero no es verdad. La investigación se muestra imparable en las últimas décadas y cuando de inteligencia se trata se puede afirmar que su sede está distribuida por todo el cuerpo, no sólo en el estómago, como hemos visto, también en el corazón.
 
¿Sabías que nuestro corazón posee sus propias neuronas? ¿Y que éstas responden a los acontecimientos que vivimos antes incluso que las del cerebro? Son aproximadamente un grupo de unas 40.000 células nerviosas las que conforman esta red neuronal, una minucia si las comparamos con el vasto número que hay en el cerebro, pero ejercen funciones importantísimas, independientes incluso del propio cerebro, muchas de las cuales están estrechamente unidas con nuestras emociones y también con nuestros actos. 

Además de neuronas, que le permiten aprender, tener memoria y actuar en consecuencia, el “músculo rey” posee sus propios neurotransmisores los cuales le permiten mantenerse en contacto con el resto del organismo, reforzando el lenguaje propio y primario del corazón, sus ondas. De hecho a través de las mismas envía toda su información e instrucciones al cuerpo. Siendo este el primer mecanismo de comunicación interna, incluso antes de que el cerebro esté formado, para que lo entendamos, la función pensante, es la última que adquirimos, la más evolucionada por tanto, pero no la única ni exclusiva.

 
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