26 de septiembre de 2013

LA TACTICA DEL AVESTRUZ


 Estoy seguro que compartes conmigo la idea de que resulta bastante difícil que alguien pueda resolver una situación complicada, negando que un problema lo sea en realidad. Sin embargo, es algo que ocurre con frecuencia, conocemos parejas que llevan años, y hasta décadas, con dificultades y que sin embargo aparentemente funcionan con absoluta normalidad. Presidentes de gobierno, que niegan los datos económicos que señalan una gravísima recesión, asegurando que nuestra economía se encuentra entre las más saneadas del mundo, padres que describen como normales las conductas agresivas de sus hijos hacia otras personas o el entorno, etc.
        El que sigue es el diálogo que describe una viñeta de Mafalda, entre ella y su amigo Manolito:
          -Hoy la maestra me felicitó por lo bien que ando en matemáticas. Me dijo que       sorprende mi rapidez para sacar cuentas.
         -¡Qué bien Manolito! ¿Y qué tal vas en las demás materias?
         -Hoy la maestra me felicitó por lo bien que ando en matemáticas. Me dijo que sorprende mi rapidez para sacar cuentas.

 

Es lo que conocemos como la táctica del avestruz. Bueno, lo cierto es que desde que somos pequeños, los procesos de socialización, esos que nos trasmiten valores culturales, normas y pautas de conducta, se basan ampliamente en la negación. Nos enseñan lo que no debemos hacer, ver, oír, decir, pensar, sentir y ejemplos los tenemos a miles. Por eso no es de extrañar que luego en nuestra vida un poco más adulta, mostremos tanta facilidad para negar aspectos de la realidad que nos incumben. Algo así como si por el hecho de negar los problemas estos desaparecieran, o perdieran importancia.

   Las consecuencias de esta actitud son demoledoras, los problemas se enraízan y mantienen en el tiempo. De manera que aquello que los causó pasa a un segundo plano, incluso llega al olvido. Y entonces lo problemático ya no es lo que originó la situación, sino lo que la mantiene, por ejemplo el silencio, la no implicación. Al no reconocerse adecuadamente la presencia de dificultades, las soluciones que se intenten para corregirlas no serán muy eficaces, ya que si el problema no ha sido bien definido, difícilmente será bien abordado. ¿El resultado? Una situación sin salida. 
 
       Si por un momento nos permitiéramos aceptar, tal vez esto nos ayudaría a entender mejor que ocurre a nuestro alrededor.
Publicar un comentario

Protegido Derecho de Autor