23 de noviembre de 2013

LA DELGADA LINEA ENTRE EL EXITO Y EL FRACASO


Hay quien dice que el éxito es una historia de fracasos, o intentos, que en el último capítulo terminan bien, es decir que cualquier chasco ha podido ser un triunfo, si la última parte hubiera sido distinta. También ocurre que el éxito cuando llega dificulta ver los fracasos que han llevado a él, y en ocasiones parece que todo ha valido la pena si el final es feliz. ¿Significa esto que hemos de fracasar para alcanzar el éxito?
Pues no siempre pero, habitualmente es así, fracasar y tener éxito son condiciones inherentes a la propia experiencia vital, no hay una vida sin ejemplos de ambas situaciones. Estas ocurren como consecuencia de un cúmulo de variables, de las cuales nunca llegamos a tener el control absoluto, además de que el azar, la suerte llaman algunos, cumple también su papel, por ejemplo un reloj que se queda sin pilas la noche antes de una importante reunión, despertándose su propietario tarde y no llegando a tiempo a la cita. A veces otorgamos toda la responsabilidad a la misma “he suspendido las oposiciones, qué mala suerte he tenido” sin contar que las condiciones han sido iguales para tu compañero de mesa. Si bien con frecuencia somos capaces de controlar bastantes  aspectos que forman parte de nuestra conducta, es bueno no perder de vista que estamos limitados. Pues cuando la cosa no sale como se esperaba, podemos llegar a censuramos de tal manera que por un momento pareciera que todo dependía de nosotros.
 
Lo cierto es que de ti depende lo que con tu conducta o actitud puedas hacer o modificar, sobre el resto ya no tienes tanta responsabilidad. ¿Te das cuenta de la importancia de esta última afirmación? El caso es que en cualquier momento, a la vuelta de la esquina de la vida, puedes descubrir que todo da un giro repentino y altera tus planes. Y esto le ocurre a cualquiera, feliz o infeliz, alto o bajo,  optimista o pesimista, etc. Y más aun, pues el significado de la suerte siempre le corresponde a quien la vive, es decir es muy subjetiva. Estoy seguro que conoces a más de una persona cuyas circunstancias dirías que son envidiables y, no obstante, se siente desdichada, incluso al contrario, a quien aparentemente le ronda siempre la calamidad y sin embargo se muestra feliz y dichoso.                                                                                
Igualmente hay etapas de la vida que coinciden con aspectos madurativos y que en ocasiones se viven como crisis. Tras nuestro nacimiento viene una época de crecimiento y desarrollo importantísima que seguirá en distintos momentos de madurez, coincidiendo con la etapa adulta y luego la llegada de la vejez y la proximidad de la muerte. Generalmente es la cultura la encargada de señalar los pasos entre las distintas etapas, con rituales que despiden una y dan la bienvenida a otra. El simple gesto de recordar los cumpleaños o aniversarios desempeña esta función, ya sea pasar de niño a adulto, de trabajador a jubilado, o de residente en la casa de los padres a emancipado conlleva un momento de transición, de cambio y oportunidad que se puede vivir como un conflicto o como un fracaso. Y esto ocurre porque toda transición conlleva la sensación de pérdida, de que algo quedó atrás y ya no recuperaremos, además de la incertidumbre por lo que vendrá que puede llegar ser un freno si se vive con temor, temor al cambio. Igualmente si se vive como algo esperanzador o ilusionante es bueno permitirse extraer el aprendizaje oportuno.
Gestionar el éxito, es decir, aprender de él, es tan importante como gestionar el fracaso. Hacer una lectura en profundidad, tanto de uno como de otro, puede facilitar que nos volvamos a encontrar con lo mismo en un futuro cercano, o por el contrario lo evitemos. Y esto consiste en tener claro qué te ha llevado a él, siendo consciente de los recursos y las carencias que han facilitado o dificultado su consecución, asumiendo la responsabilidad del mismo, o negándola para dejarla en manos ajenas. 
Así, las expectativas de control que la persona percibe sobre los diferentes ámbitos de su vida, diferencia dos maneras de responder. Por un lado, quienes ante los acontecimientos se quitan la responsabilidad y por tanto, creen que poco pueden hacer. O quienes asumen la responsabilidad de su vida, y pueden hacer mucho por cambiarla. La diferencia entre una y otra actitud nos muestra personas que suele tener éxito de quien suele vivir en el fracaso. Si piensas que es cuestión exclusivamente de la suerte, entonces es que no tienes el menor control de la situación. Estas características suelen permanecer estables en el tiempo y están influenciadas por las experiencias vividas. Y si te fijas, a medida que evoluciona el ser humano, la importancia de la suerte en nuestras vidas va perdiendo fuerza, pues cada vez somos menos supersticiosos y más responsables de nuestros actos. Aunque siga habiendo muchas personas que achacan su suerte a condiciones externas y por tanto lejos de su control.
Así que ya sabes, puedes dejar que la suerte dicte tu camino, o asumir la responsabilidad de tus circunstancias y así posibilitar que el éxito esté más cerca. De ti depende.
 
 
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