30 de octubre de 2013

YA PASÓ EL DIA DEL DOLOR, EL DIA


Ana se levanta de la cama todas las mañanas a la misma hora, antes de las ocho. Para entonces no ha dormido ni cuatro horas. Si hay algo que caracteriza sus sensaciones al despertar es el dolor. El dolor de su cuerpo como un todo, y de partes de éste, de una manera brutal. Hasta la incapacidad. Se siente continuamente bombardeada por una estimulación dañina, que estresa sin parar su Sistema Nervioso. Y para colmo de males los tratamientos habituales apenas le ayudan.

 
         ¿Qué dolor es el de Ana? Da igual, dolor es dolor. Cuando hablo del mismo no me refiero a algo inconcreto, teórico, estoy aludiendo a todo lo que lo manifiesta. Cáncer, artritis, migraña, neuralgias, dolor del miembro fantasma, dolores faciales, lumbar, quemaduras, fibromialgia, etc. A medida que estos avanzan en el tiempo, se van produciendo cambios en la persona y en su entorno. Cambios físicos y psíquicos. Desde esta complejidad, al hacerse crónico, el dolor se convierte por sí mismo en un síndrome al que hay que prestar atención desde diferentes perspectivas. Esto incluye pensar en introducir cambios en los planteamientos terapéuticos.

 
         A fin de cuentas, la mayoría de los dolores que se mantienen en el tiempo, lo hacen porque los tratamientos no han funcionado. Y es que el dolor es, posiblemente, la forma más universal de estrés que existe. Y su comprensión ha experimentado cambios importantes a lo largo de la historia. Hasta llegar a una aproximación biológica-psicológica-social, que enfatiza la existencia de múltiples factores que interactúan creando y manteniendo la experiencia dolorosa.

 
         Es decir, además de percibir el dolor, pensamos sobre y desde él. Nuestras emociones y conductas se alimentan del mismo y esto se refleja en la manera que nos relacionamos. Y como no se ve, pasa desapercibido.

 
         No obstante es muy real. Al igual que Ana, en Europa 1 de cada 5 adultos vive con dolor crónico. Esto viene a ser una persona por cada tres hogares. Tanto sufrimiento merece toda la atención y dedicación, humana y profesional. Aunque la realidad nos muestra con cierta frecuencia, que los profesionales también podemos tener una visión limitada sobre lo que implica la experiencia de dolor y los tratamientos para su manejo. Insistiendo una y otra vez, en las mismas soluciones que en el tiempo se muestran ineficaces. Generalmente las propias de nuestra disciplina.

        Sin embargo, ya existen evidencias de que vivir con dolor crónico es más fácil y llevadero, cuando se aborda desde diferentes perspectivas, que se integran y mejoran mutuamente. Y esto es así porque no parece haber un solo tratamiento eficaz, algunos además restan capacidad en áreas importantes de la persona.

 
        Aquellos que han mostrado una elevada eficacia son los que tienen en cuenta tanto al dolor, como a la capacidad funcional, el estrés psicológico y  otros síntomas de éste.

 


        Por eso hay que dar cabida a todo aquello que funcione y si no sabemos que lo hace, estudiémoslo. Mientras ofrezcamos todo lo que suma al principal protagonista, la persona. En esta ocasión, nadie tiene la verdad absoluta.

 

26 de octubre de 2013

10 SEMILLAS DE BIENESTAR


A veces parece que esto de sentirse bien, tan solo esté al alcance de unos pocos privilegiados o personas excepcionales. Y lo cierto es que esas personas no son más excepcionales que tú, tan solo se permiten pequeñas prácticas, rutinas, costumbres que facilitan vivir su día a día sin excesiva presión. Algunas de esas costumbres son las que siguen. Ponte a ello si ves la oportunidad:
 
 

Empieza el día poniendo a punto tus recursos, dedica un par de minutos a estirarte, mirarte en el espejo y soltar una sonora y amplia carcajada.
 
Vive en el presente, por tanto, además de pensar en las responsabilidades que tienes imagina durante 60 segundos lo que vas a hacer para sentirte bien y llévalo a cabo.
 
No olvides la intuición en casa, deja que impregne tu vida, te enriquecerás de inmediato y serás más consciente de lo que te rodea.
 
Trata con amabilidad a los demás, da cariño gratuitamente y aprende a disculpar y a pedir disculpas, en esos momentos descubrirás lo bien que te sientes.
 
Escucha lo que tu corazón te dice, tal vez el día no transcurra como deseas, entonces, luego usa tu juicio y valora las posibilidades, ya estarás preparado para retomar el camino, adelante.
 
Suelta la tensión de tu cuerpo, si las circunstancias te pueden y el cansancio te abruma no tengas reparos, llora. Llora y, respira y libera esa angustia, luego haz las paces contigo mismo por tu incapacidad momentánea y sigue adelante.
 
Respira profundamente, si no deseas llorar, aprieta los puños y la mandíbula, encoge el cuerpo tensándolo unos segundos, seguidamente deja que la tensión se vaya y la relajación aparecerá de inmediato.
 
Conecta con tu parte más encantadora, en el devenir diario observa a quienes se muestran sencillos, espontáneos, risueños deja que esta experiencia te permita reconocer tus cualidades y que surja la risa, relajada y natural.
 

Mima tu cuerpo, al cerrar la jornada, quiérete, acarícialo y deja que otros lo hagan, siente entonces como te devuelve con salud y bienestar tu dedicación.
 
Escribe, de vez en cuando, cómo te ves, cómo te encuentras, cuales tus obstáculos, esto te ayudará a tener las ideas más claras.
 
 

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