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4 de mayo de 2014

LA BUENA CRIANZA

Qué bien que hay un día del padre y otro de la madre. Esto nos recuerda que además de serlo hemos de parecerlo. Es decir, que no solo por poner cada uno su semilla para la fecundación y la consiguiente gestación, ya lo somos. Bueno si, lo somos ante la ley y desde una perspectiva biológica, pero esto es algo más profundo e importante.

         
       De hecho hay padres y madres que pusieron la semilla y luego ya no estuvieron, por propia decisión o por que las circunstancias se los llevaron. El caso es que son responsabilidades ambas, la de padre y la de madre, marcadas por el sexo del progenitor, eso influirá en sus expectativas y recursos previos. Algo que no pueda corregirse o ampliarse a tiempo. Y lo cierto es que cada avance, cada nuevo aprendizaje de nuestros pequeños, es una nueva oportunidad para aprender y crecer con ellos, pues la crianza supone un proceso de descubrimiento y madurez también de los adultos. De hecho algunos, por fin, se hacen PERSONAS cuando tienen ocasión de criar.

         Ser un buen padre o una buena madre, va más allá de la sola valoración que haga la prole de nuestro papel. No son pocos los ejemplos de padres negligentes y descuidados que sin embargo son admirados por sus hijos. O de adultos que se jactan de ser sobre todo amigos de sus hijos y que eso conlleva admitir todo lo quieran hacer. Mal ejemplo, ya que por desgracia no vivimos en un entorno en el que podamos ni siquiera debamos hacer todo lo que deseemos, seguramente terminaríamos vulnerando derechos básicos de otras personas, si solo hiciéramos lo que nos viniera en gana.

         Ante todo un padre o una madre lo son porque asumen responsabilidades que les competen a ellos, responsabilidades que en ocasiones chocan con los deseos de hijos e hijas, pero son necesarias, como por ejemplo respetar unos horarios de sueño o de televisión o unas pautas alimenticias saludables y nutritivas, entre otras. Todo ello con un único objetivo, que en realidad son muchos a la vez. Criar a personas sanas, física-emocional y socialmente a la vez. Personas o personitas, según el tamaño, que el día de mañana cuando hayan de asumir sus propias responsabilidades y devenir en la vida que les espera, sean tolerantes a la frustración, y sepan cómo hacer y mantener relaciones sanas y gratificantes, que sepan defender sus derechos y necesidades sin imponerlas en otras personas. Asimismo que asuman sus errores sin caer en la culpa excesiva o el autocastigo inútil. Que puedan, porque así lo alimentaron en su infancia, dejar que su creatividad y sus sueños encuentren una vía donde expresarse y realizarse, convirtiéndose en gestores de su propia satisfacción. Que se respeten a sí mismo y se amen de forma incondicional, aceptando lo que son.

         Pero para conseguir todo esto, o al menos aumentar su probabilidad padres y madres tenemos mucho que hacer, y además bien hecho. No puede ser de otra manera. Criar es maravilloso y duro también. Estas son algunas de las principales actitudes que aparecen en la buena crianza:

ü  Muestran amor y aceptación incondicional por sus hijos
ü  Están disponibles para la comunicación y la facilitan
ü  Potencian su confianza dejándoles probar y errar también
ü  Besan, acarician, abrazan, expresan amor y admiración con frecuencia
ü  Dedican un tiempo importante a jugar
ü  Suelen tener mensajes optimistas libres de exigencias irrealizables
ü  Fomentan la independencia y autonomía
ü  Facilitan la práctica de deportes variados y divertidos
ü  Renuncian a determinadas necesidades personales por sus hijos
ü  Muestran respeto por otras familias, padres, madres y educadores

ü  Atienden a las necesidades del menor, de salud, educativas, sociales

20 de abril de 2014

!ESTOY QUEMADO¡


La falta de motivación puede tener diferentes causas y también puede alcanzar diferentes intensidades. Por ejemplo, la pérdida de motivación alguien siente a medida que descubre que no alcanza su objetivo. Sería específica del momento concreto que vive, o entendida como la pérdida de ilusión por lo que hace, con cambios físicos y emocionales de desanimo y apatía generalizada. A esto también se le conoce como Síndrome del quemado o Burn-out.




Se define como un estado de agotamiento emocional, físico y mental, que puede llegar a ser muy grave en quien lo manifiesta y surge de la propia actividad de la persona, social y/o laboral. Conlleva una disminución en la capacidad para el desempeño de sus responsabilidades y no aparece de forma repentina, al contrario se va gestando lentamente. ¿Qué experimenta la persona?
  • Siente que no puede dar más de sí.
  • Se encuentra desbordada por las demandas de su entorno.
  • Los recursos personales parecen que han llegado a su límite y ya no aportan soluciones.
  • El agotamiento y cansancio se hacen presentes.
  • Hay cambios de humor, irritabilidad, pasividad, apatía.
  • Pueden aparecer otras dolencias asociadas, trastornos de la alimentación, del sueño, disfunciones sexuales, etc.
Su presencia cada vez es más común en cualquier ámbito laboral y/o deportivo. En un mundo profesional tan exigente, que conlleva una imperiosa necesidad en conseguir resultados, el rendimiento se exprime hasta sus últimas consecuencias. Esto obliga a gestionar no sólo la preparación de la tarea, también la recuperación de la misma. En el mundo de la empresa se supone que esta recuperación ocurre de una forma intensa en el periodo vacacional,  y puntualmente en los días de descanso, aunque la realidad es otra, pues son muchos los trabajadores, la mayoría, los que tienen ridículas vacaciones, después de temporadas durísimas.

Muchos trabajos, en algunos casos estilos de vida, suponen retos gratificantes incluso aunque conlleven presión y agobio, y estos por sí mismos no son dañinos, mientras los recursos de la persona los gestionen adecuadamente y den salida a los “efectos secundarios” que generan. ¿Cómo saber si este desgaste está ocurriendo? Hay una serie de cuestiones que pueden señalar su presencia
  • ¿Con frecuencia te sientes cansado incluso guardando el descanso apropiado?
  • ¿Ha cambiado tu humor volviéndose más huraño, irritable o “pasota”?
  • ¿Te resulta más difícil compartir tus actividades habituales con la gente que forma parte de las mismas?
  • ¿Has pensado en abandonar tus responsabilidades?
  • ¿Sientes que tu cuerpo y tu mente ya no responden como antes?
  • ¿Han fallado las soluciones que has intentado para cambiar esta situación?

Para combatirlo es tan importante desarrollar habilidades como asumir el liderazgo de la situación, que asegure un nivel de exigencia similar al óptimo a cada temporada que pasa o proyecto nuevo a desarrollar. Si bien algunas ideas interfieren en la búsqueda de soluciones:
  • “Estar quemado es la excusa para quien no quiere esforzarse”
  • “Cualquiera que disfrute de su trabajo puede dedicarle el 150% sin que eso repercuta en su salud”
  • “Sólo terminan por quemarse los débiles”
  • “Esto se arregla con unos días de vacaciones”
  • “Con la vida tan privilegiada que tiene no debería ni quejarse”
  • “Quemarse, sólo ocurre en el ámbito laboral”

Estas actitudes, reflejadas en comentarios, parece que señalen una idea, que las personas de éxito no son personas, son máquinas. ¿Cómo sino se explica que no admitan que alguien pueda quejarse? o ¿qué por el hecho de tener una serie de privilegios, ganados con esfuerzo, ya no tengan derecho a sentir malestar? Si hay algo claro desde la investigación científica es que quien manifiesta un síndrome de estas características, es alguien que ha tenido que esforzarse bastante, mucho más de lo que sus recursos psicológicos toleraban.

Cuando hablamos de salud, la prevención suele ser la actitud más correcta para evitar que aparezcan problemas. Lo que sigue, son probadas estrategias para mantener nuestro bienestar
  • Consigue encontrar la satisfacción en lo que llevas a cabo, pásatelo bien, utiliza el sentido del humor. Todo esto funcionará como un muro de contención. Tal vez la tarea que desempeñas no sea la que deseas, pero aun así es posible que te permita llegar a otras que son más gratificantes, y por tanto puedes vivirla con esa ilusión.
  • Ordena y organiza tus aspectos personales, fija objetivos y ordena unas actividades sobre otras. Ni eres omnipotente ni omnipresente, por tanto trátate con humildad y no quieras “solucionarlo todo en todo momento”
  • Señala cuales son las prioridades de tu vida. Tener esto claro dificulta que puedas alejarte del camino de satisfacerlas. Generalmente la búsqueda de la satisfacción personal y vital suele ser la meta más ambiciosa. Tenerlo claro nos permite ver que estilo o tipo de vida estamos construyendo y en qué se parece a lo que deseamos.
  • Aprende estrategias de gestión de estrés. Relajación, meditación, yoga, cambios de creencias, automanejo emocional, etc. Hay un enorme conocimiento acerca de la gestión del estrés desde la psicología. Introduce la higiene emocional en tu vida y estarás previniendo mucho sufrimiento. Hay quien no termina de entender que la psicología como ciencia, con varios cientos de años de desarrollo científico, hoy por hoy aporta respuestas muy valiosas que facilitan y permiten una mayor calidad de vida al ser humano.
  • Relaciónate con quienes te motivan, son tu red social y familiar. Pues formas parte de ellos, son el sistema en el que te desarrollas y te mantienes, acude a éste y enriquécete de su visión del mundo para nutrir tus propias expectativas.
  • Muestra actitudes y creencias flexibles. Intenta perseguir tus sueños basándote en preferencias “me gustaría, preferiría, desearía…” antes que en exigencias “debo, necesito, tengo…”.
  • Alimenta el pensamiento optimista. Pues lo contrario, el pesimismo, lo negativo, rara vez nos aporta la satisfacción de conseguir nuestras metas, además de llenarnos de tensión, miedo y frustración.

12 de abril de 2014

EL FUEGO NO APAGA EL FUEGO


         ¡De asombro! Esa es la expresión que tenían en la cara unos ejecutivos, que iban a pasar unos días a la sierra para aprender estrategias con las que superar situaciones de tensión. La primera circunstancia que vivieron el día de su llegada consistía en un ejercicio para liberar su estrés. El objetivo era agarrar con fuerza un enorme martillo de obra y estamparlo contra un coche, tantas veces como quisiera la persona y así hasta reventarlo. Supuestamente, tras este intenso ejercicio la persona quedaba muy relajada. La verdad es que relajada quedaba tras tensar la musculatura y luego soltarla, pero ¿Realmente es este un método eficaz de control del estrés? Ahora resulta que está de moda golpear cojines, figuras de goma-espuma que simbolizan a personas determinadas, romper televisores y otros electrodomésticos en sesiones de liberación emocional de dudosa eficacia terapéutica, ya que la ira, como emoción, es distinta de la agresividad, como conducta.




         Cuando hablamos de una emoción que moviliza tanta energía interna como la ira, su expresión libre puede convertirse en una bomba de relojería a corto, medio y largo plazo. Durante años, influyentes escuelas psicológicas divulgaron a los cuatro vientos la necesidad y el beneficio de expresar libremente las emociones, de forma que la persona se libraba de las mismas cuando éstas eran causantes de sufrimiento o malestar. Esto se sustentaba en una concepción de la ira semejante a la de un depósito de energía que se llenaba de forma progresiva hasta alcanzar presión como si fuera una olla y entonces necesitaba estallar, al manifestarla se resolvía el problema. Esta idea ha calado entre la población, pero las investigaciones científicas muestran otras razones. 

     Sabemos que las experiencias vitales nos crean una huella o memoria emocional, la cual mantiene en nosotros los elementos emocionales, sensaciones, imágenes, sonidos de la situación. Además de estos datos provenientes de los sentidos, a la experiencia le damos un valor, un significado propio. Cuando la persona reacciona de forma automática ante estímulos similares, lo que está haciendo es recuperar esa memoria, con la cual aprendió e interiorizó una respuesta, en este caso de agresión. ¿Para qué sirve esto?, teóricamente para protegernos. El organismo aprendió a responder a una situación amenazante y ahora repite lo aprendido.


          Podemos llegar a reconducir la ira, expresándola adecuadamente, sin llegar a descalificar o reprochar, incluso castigar al otro, o al entorno, por ejemplo cuando damos un portazo a conciencia. Porque parece que sólo haya una forma de canalizar al exterior la ira y no es así. El componente cultural está presente, por supuesto, y quien aprende a expresar impulsivamente no sabe hacerlo de otra manera, incluso si no puede descargar en ese momento puede posponerlo a un momento futuro, entonces entra en juego la venganza, de forma que la otra persona llegue a padecer como padecimos nosotros. 




         Es necesario, ciertamente, expresar lo que sentimos, pero cuando uno aprende que para sentirse mejor ha de expresar con toda la virulencia posible su malestar, y así librarse de él, está haciendo algo muy peligroso para sí mismo y los demás, pues lo que realmente consigue es reforzar y por tanto automatizar comportamientos de manejo agresivo de las emociones. Como decía un hombre que tuve en consulta: “…yo para expresar no tengo dificultad, cuando algo me molesta, grito y doy unos golpes en la mesa, todos me hacen caso y me siento mejor”. Hay conductas en las que podemos descargar y expresar nuestra ira sin dañar a los demás, escribir, cantar, correr, bailar, etc.





28 de marzo de 2014

¿BUSCAR LA FELICIDAD?

¿Por qué buscar la felicidad? porque puedes. Tal vez sea por azar o porque ese día los astros se alinearon de una forma determinada, quien sabe, tal vez porque “Dios lo quiso”, pensaría un creyente. La cuestión es que naciste con una característica muy especial, naciste como ser humano. Y además de esa certeza, también estoy seguro de otra, de que tú estás ahí ahora, frente a las páginas leyendo estas líneas. ¿Y qué quiero decir con esto? pues que si tienes esa capacidad significa que eres un ser privilegiado, de entre las miles de especies que habitan este planeta, tú perteneces a aquella que posiblemente tiene más opciones de disfrutar su existencia, incluso a través de la lectura de unos símbolos impresos en una hoja. Y es que pudiste nacer gusano, incluso ameba, o tal vez gorrión, pudiste nacer coliflor o manzana, quien sabe, quizás como pulpo de ría, puede que hasta jirafa, pero el caso es que naciste como ser humano. Una obviedad para ti y los que te rodean, pero es una cuestión que llegamos a olvidar en tantísimas ocasiones que dejamos de percibir las posibilidades que eso supone. 


Vives el momento presente, mientras el tiempo va transcurriendo impasible, monótono, nunca sabes cuándo se va a terminar para ti. Así funciona esto. Puedes aprovechar la oportunidad que te ha tocado, la que tienes entre las manos, vivir tu vida para ser feliz conscientemente o dejarla pasar a expensas de que el azar se cruce en tu camino con situaciones que te agraden. Conseguir ser feliz no supone alcanzar una meta determinada, llegar al final de algo, eso como mucho nos hace sentirnos felices, momentánea y puntualmente.

Llegar a la felicidad, ser feliz es una forma que tienes de vivir la vida, es algo que se aprende, y una vez aprendido forma parte de nosotros, de ti, de lo que eres. De forma natural, con sencillez. Ser feliz conlleva interesarse por los aspectos que nos rodean, por las personas con las que nos relacionamos, aprovechando los pequeños y grandes momentos que vivimos.


9 de marzo de 2014

DISFRUTA EL PRESENTE

¡Viva lo nuevo y lo joven y lo antiguo y lo viejo! Cada momento es único y tiene sus exquisiteces. ¿Añorando el pasado? ¿Temiendo el futuro? Pues no te enteras de lo que estás dejando pasar por delante. ¡Tu presente! Con todos sus matices y posibilidades. Que no sepas disfrutarlo o no te hayas adaptado a él no significa que no lo puedas hacer. Tu pasado es inamovible, ya no puedes modificarlo, tu futuro está por escribir y vivir, por tanto sólo tienes el momento presente, aquí y ahora. Mientras esta idea no la interiorices te costará disfrutarlo.




Esto significa centrarte en lo que tienes entre manos en cada momento. Es habitual hacer dos o tres cosas a la vez y tener la cabeza ocupada en otras que están por hacer o que ya hicimos. Nos cuesta centrarnos, como decía un maestro budista: “Cuando comas, come, cuando camines camina y cuando hables, habla, no lo hagas todo a la vez y sin ser consciente de ello”. Saborea el instante.

Por educación solemos invertir nuestro tiempo en lo que “debemos” hacer y no tanto en lo qué queremos hacer. Lo más seguro es que si estás leyendo un libro de estas características seas una persona joven o adulta o más adulta aún. Lo cierto es que a medida que maduramos y envejecemos vamos ganando en capacidad para elegir, además de en experiencia para elegir mejor. En esta etapa de adultez se descubre el placer de la actividad en solitario, ya sea con una lectura o escuchando esa música preferida, tal vez viajar y sorprendernos por seguir aprendiendo. Progresivamente te liberas de las cargas, te vuelves más paciente y las relaciones sociales y familiares son placenteras ¿A qué esperas para disfrutar tu presente? Tal vez esto te de alguna pista:

El placer de la lectura
Escribe y libérate
Deja salir tu arte
Reconciliate con tu cuerpo
El placer del masaje
Erotismo, expresión de tu sexualidad
Autoconciencia, conecta con tu interior
Yoga y meditación, el reposo consciente
Tai-chi y Chi-kung canaliza tu energía
Envuélvete de música y baile
Cultiva la renuncia a lo innecesario
Espiritualidad y Oración
Estrecha tus lazos íntimos
Vive en contacto con animales
Busca la armonía en tu espacio físico
Resuelve las relaciones conflictivas
Reconciliate con el pasado
Pide y da perdón
Practica la gratitud y comparte
Etc, etc, etc...

 

3 de febrero de 2014

ACEPTARSE O CÓMO LLEGAR A QUERERSE


Desde el origen de la humanidad se ha defendido una postura que es de dudosa utilidad, considerar que los seres humanos somos valiosos únicamente porque tenemos éxito o logros. Y también se ha considerado lo contrario, igualmente de dudosa utilidad, que valemos poco o somos incompetentes por no tener o desarrollar al máximo nuestras cualidades. Aunque diversas religiones asumen una aceptación incondicional del ser humano, en la práctica son pocas las personas que lo llevan a cabo. Lo cierto es que con la llegada de determinados pensadores que hablan del valor humano por el simple hecho de su existencia, empieza a cambiar el enfoque de siempre. Como dice la canción “…tanto tienes, tanto vales, no se puede remediar y si eres de los que no tienes…a galeras a remar”, dando por hecho que no hay remedio a esta postura, pero la hay, y ésta empieza por uno mismo.

 
         Aceptar lo que somos es un proceso de construcción, es una actitud ante uno mismo y la vida. Muchas personas tienen la suerte de encontrar en la infancia y la adolescencia aceptación por parte de los demás y esto, indudablemente, facilita la suya propia, pero que esto ocurra con frecuencia no quiere decir que sea una ley universal. De hecho, hay personas destacadas en su comunidad que se aceptan de manera incondicional y creen en sí mismas a pesar de encontrar poco apoyo durante la mayor parte de su vida, e igualmente otras personas, por el contrario, siguen intentando aceptarse en la etapa adulta sin conseguirlo.


         Mientras estamos vivos existe la posibilidad de llevar una existencia cada día mejor. En este sentido lo que podemos llegar a ser es más de lo que ya somos. Mientras haya esa posibilidad… ¿Dónde pone que tenga que medir mi valor como persona por mis destrezas o mi éxito? Si es así, tan sólo es una opinión, por cierto, innecesaria a mi parecer. Un requisito indispensable para que alguien se identifique conmigo mismo radica en el permiso. Si te das permiso para Ser, para descubrir qué deseas y cómo, y dedicas tu esfuerzo a ello tendrás una alta probabilidad de conseguir ser feliz. Aceptarse es tener en cuenta una serie de características básicas:


  • Tener conciencia de que existes como ser único e irrepetible.     
     
  • Tener conciencia de que no hay ninguna razón por la que deberías ser diferente a como eres. Es posible que quieras ser distinto, pero esto antes ha de ser una preferencia, que no una exigencia.
     
  • Como ser humano no eres ni digno ni indigno, tan sólo eso, persona.
             El resultado de esta aceptación es un sentimiento agradable sobre uno mismo. La autoestima que palabra tan bonita, autoestima o estima a uno mismo. Y la utilizamos para referirnos al valor que damos a nuestra persona, es decir una actitud de aceptación o de rechazo, por tanto puede ser saludable, de respeto y acarreará sentimientos agradables, o puede ser insalubre, de rechazo y castigo y traerá sentimientos negativos. La autoestima oscila entre uno y otro valor. Así cuando una persona dice: “tengo baja autoestima”, en realidad está diciendo: “Me censuro mucho y me siento mal por ello”.
             Ya que la autoestima parte de la propia persona, es ella la que puede llegar a cambiarla. Entre las características de una persona con alta autoestima están:
     
  • Alta valoración personal. Se considera en su justa medida, la persona está contenta consigo misma, no duda de sus decisiones, ni de sus sentimientos, no evita las críticas de los demás pues son una oportunidad para mejorar.

  • Poca vulnerabilidad al entorno. Encaja bien la crítica así como las circunstancias que le generan emociones incómodas o dolorosas, suele tener suficiente objetividad como para desterrar la crítica y recursos para canalizar adecuadamente sus emociones.

  • No teme el fracaso. Otra característica presente en la alta autoestima es ésta, anticipan las situaciones y su actuación personal sin temor a la equivocación, tanto si tienen éxito como si no, lo atribuyen a sus propias acciones.

  • Autocrítica objetiva. Son capaces de criticar sus acciones, pero evitan censurarse como personas, lo hacen de una manera constructiva con el objetivo de mejorar, no de forma cruel para castigarse.
     
  • Se autorefuerza cuando es necesario. Es capaz de reconocer sus méritos así como sus cualidades y se premia por ello, ya sea de una manera material, permitiéndose “un capricho”, bien con su voz interna: “¡Bien hecho!”. Asimismo se relaciona con los demás tal y como lo hace consigo mismo.
     
  • Actitud de escucha y respeto. Ante los demás, de una forma directa, no tiene dificultad para abordar los conflictos, ni para defender sus derechos y necesidades, su actitud suele ser activa y dialogante, sus necesidades son tan importantes como las de los demás.




14 de diciembre de 2013

LIDERAZGO PERSONAL



¿Dirías de ti que eres un líder? ¿Sabrías señalar que características te hacen líder? ¿Has asumido el liderazgo de tus circunstancias, personales, familiares, laborales, etc.? ¿El líder nace o se hace? Todas estas cuestiones y sus respuestas pretenden poner de manifiesto una condición básica, fundamental para sentir satisfacción de la propia existencia, de la consecución del logro. El éxito viene de la mano del liderazgo, puedes dejar que éste lo asuman otras personas o puedes encargarte tú.
 
Liderazgo es lo que representa al líder y una definición puede ser: “El arte de movilizar a otros para que deseen luchar en pos de aspiraciones comunes”. Generalmente  el término líder se emplea en ámbitos que tienen que ver con el deporte, el líder del equipo, con la empresa, lideró el proyecto con habilidad y no es tan frecuente escucharlo fuera de estos ámbitos, la expresión asumo el liderazgo de mi vida aparece poco en nuestras conversaciones, aunque hay otra serie de expresiones que vienen a reflejar lo mismo, en mi vida llevo la riendas o me gusta asumir la responsabilidad de mis circunstancias, etc. También es un término muy usado en el mundo animal, por ejemplo cuando hablamos de perros o de lobos, nos referimos al líder de la manada que la conduce y establece la prioridad de las necesidades. Sin embargo cuando preguntas a quienes te rodean si son líderes, muchos no se reconocen como tal, incluso parece que asumir ese papel les produzca una cierta vergüenza. Como si hacerlo fuera un gesto de prepotencia. Sin embargo, el líder, al menos el que lidera con eficacia, lejos de ser prepotente es generoso y entregado, trabaja para el grupo, o para sí mismo si lo que lidera es su vida. 
El líder es una persona que transmite seguridad e influye en los demás, independientemente de la posición que ocupe, hay quien es jefe y no lidera, manda, y hay quien no manda pero lidera e influye. Es la referencia si está en un grupo, familiar, deportivo o empresarial. Lo cierto es que cada individuo ejerce un papel en un grupo determinado, dependiendo de la cultura, el género, la sociedad a la que pertenezca, teniendo en cuenta esto, se establecen ciertas reglas que socialmente han sido aprobadas.
 
         Cualquier proyecto necesita de alguien que lo lidere si espera salir adelante, si son tus aspiraciones personales también, y está claro que necesitan de tu implicación para que ocurran. Aunque hay personas que no se ven como líderes pues piensan que para esto se nace y tal vez ellos nunca han desempeñado este papel, o tal vez no han sido conscientes de que lo hacían. Hay quien nace con unas características que le facilitan asumir este rol, y hay quien las va desarrollando a lo largo de su vida, por tanto decimos que el líder nace y también se hace, incluso diría que las habilidades que se van adquiriendo y las experiencias que se van teniendo son más importantes para ejercer el liderazgo con éxito. De ahí que sea tan necesario, desde pequeños, permitir que las personas vayan afrontando dificultades, aprendiendo el valor del esfuerzo, asumiendo competencias.
 
         Tal vez estés pensando que resulta difícil ser un líder, pero no te dejes engañar, estamos rodeados de ejemplos cotidianos, personas que en sus ámbitos ejercen este liderazgo, y si bien es verdad que hay una serie de características que van a predominar sobre otras, a ser líder se aprende, o mejor dicho va creciendo en nosotros, por tanto esos atributos que a lo mejor no encuentras en ti pueden desarrollarse con el paso del tiempo, y por supuesto con la dedicación oportuna. Llegar a la etapa adulta supone, entre otras cosas, asumir las propias circunstancias y las consecuencias de nuestras conductas. Seamos conscientes de ello o no, pienso que todos llevamos un líder en potencia en nuestro interior y éste, tarde o temprano, tendrá que salir o nuestras experiencias nos pasarán por alto. Aunque hasta ahora hemos referido la figura del líder en relación al grupo, se puede aplicar el mismo concepto a la dirección y liderazgo de la propia vida y los proyectos personales.
 
El líder es una persona que transmite seguridad e influye en los demás, independientemente de la posición que ocupe, hay quien es jefe y no lidera, manda, y hay quien no manda pero lidera e influye. Es la referencia si está en un grupo, familiar, deportivo o empresarial. Lo cierto es que cada individuo ejerce un papel en un grupo determinado, dependiendo de la cultura, el género, la sociedad a la que pertenezca, teniendo en cuenta esto, se establecen ciertas reglas que socialmente han sido aprobadas.
 
Para explicarlo mejor voy a traerte el que considero uno de los ejemplos más cercanos y a la vez más representativo de lo que supone ser líder. Personas que ejercen el liderazgo continuamente y sin embargo no solemos verlas así, que asumen un rol que siendo tan fundamental pasa como desapercibido. De hecho, son líderes por excelencia y bastante completos pues dirigen equipos, manejan presupuestos, entienden a las personas, saben motivar, delegan responsabilidades, son autodidactas, en muchas ocasiones ejercen la dirección sin título alguno, especialistas en sentido común y en señalar las prioridades, excelentes en la organización, su entrega al grupo es incuestionable, infatigables al desaliento, educan, instruyen. Etc. etc. Si, la madre o padre o abuelo o abuela de cada uno, modelos de lo que supone liderar, modelos cercanos de los que aprender.

7 de diciembre de 2013

¿SIENTE IGUAL UN HOMBRE QUE UNA MUJER?


¿Es la genética o la cultura lo que marca las diferencias emocionales que parece haber entre el hombre y la mujer? El desarrollo emocional en las personas es un proceso con una influencia social determinante e importantísima. Hay pocas, poquísimas condiciones en esta vida, que determinen de forma tan drástica lo que somos como es el sexo que tenemos. De hecho, una de las primeras preguntas que suelen hacer los padres que esperan un bebé, en la consulta de ginecología es: “¿niña o niño?” y la respuesta recibida determinará muchas de las condiciones de ese futuro bebé. Por ejemplo, las expectativas que se creen, las emociones que se le permitirá expresar con facilidad, el tipo de juegos, la apariencia y relaciones que se le intentará inculcar y así un larguísimo etcétera.  

 

 
         Estos procesos de influencia del ambiente o procesos de socialización son distintos para el hombre y la mujer, y el núcleo principal de donde emana esta influencia es la familia. A la mujer se la prepara para afrontar la vida desde una perspectiva de la afectividad, de la que el hombre va a carecer, al menos de una manera tan refinada, él va a ser moldeado para la acción. ¿Cómo se hace esto? Son numerosos los ejemplos diarios que puedes observar, aunque culturalmente están superpuestos, como las tejas de una casa y suelen pasar desapercibidos. Al niño se le prepara para la independencia de su madre a edades tempranas, a través del juego se le somete a las duras reglas de la competición y la búsqueda de la victoria, mientras que a la niña se la prepara para la dependencia y a través del juego se desarrollan en ella habilidades colaborativas y empáticas. El chico ha de convertirse “en un hombre” y se le separa de “las faldas de la madre” antes que a la chica. Para esto ha de aprender a usar la lógica y la razón dejando en un lugar secundario sus emociones, volviéndose duro, o al menos aparentándolo. No hay nada como decirle a un niño que llora “pareces una niña de tanto qué lloras” para que empiece a controlar su llanto.

 
Menuda influjo, esto ha reprimido emocionalmente a generaciones de hombres a lo largo de la historia. Este tipo de experiencias ha limitado sus auténticas posibilidades de crecer afectivamente de forma equilibrada. Pero no sólo en su represión, también en la manifestación de las emociones hay un trabajo que deja una profunda huella, pues a la mujer no sólo no se le censura su llanto o tristeza, incluso se llega a reforzar protegiéndola cuando las manifiesta. ¿Dónde desemboca esto? En el hombre en una dificultad para mostrarse triste o deprimido, pero claro, el malestar sale por algún lado, por ejemplo la ira, que además se considera varonil y masculina. Mientras que la mujer es entrenada para dejar salir su tristeza y depresión (el porcentaje de mujeres deprimidas es el doble que de hombres, aunque también es cierto que se las sobrediagnostica en este sentido).

       Se da también que la fisiología de la mujer está más influenciada por los cambios hormonales, los cuales son cíclicos y reflejan cambios en la experiencia emocional. Según la investigación reciente, que estudia cómo las hormonas femeninas influyen en las mujeres, ellas están especialmente preparadas para la comunicación, la empatía y la percepción emocional. Por el contrario, ellos lo están para la acción, sus experiencias emocionales conllevan más actividad racional. Se sabe que cuando los chicos y las chicas llegan a la adolescencia no hay diferencia en sus aptitudes matemáticas y científicas. Sin embargo, cuando el estrógeno inunda el cerebro femenino las mujeres empiezan a concentrarse en sus emociones y en la comunicación interpersonal mientras que ellos se vuelven menos comunicativos. Si a esto le sumamos los indicios que indican, cómo hombres y mujeres, a nivel cerebral implican distintas zonas en su funcionamiento emocional. Más numerosas en el caso de la mujer, que le llevan a tener una mejor facultad de evocar o recordar experiencias altamente emotivas, podemos empezar a entender la base de estas diferencias.

Estas diferencias también se reflejan en el diagnóstico de los trastornos emocionales. A tal punto que podemos hablar de una tendencia a diagnosticar según el género o diagnóstico masculinizado. Podemos comprobar que hay una excesiva facilidad para señalar como ansiedad y depresión aquellos síntomas que tienen que ver con cansancio o dolor físico, sin descartar otro tipo de problemas. Y cuando es una mujer quien presenta estos síntomas el diagnóstico y su correspondiente tratamiento psicotrópico está casi asegurado. Es un dato, así lo constata la OMS al señalar que a las mujeres se les receta con más frecuencia esta medicación psicotrópica que al hombre, cuando presentan los mismos síntomas. La mujer, por otra parte, acude a buscar ayuda a su médico mucho antes que el hombre, al que le cuesta reconocer un estado de ánimo disfórico. Para colmo, es frecuente encontrar profesionales de la salud con prejuicios de género y, por ejemplo, piensan que la mujer exagera en sus quejas o que por serlo es más influenciable o débil que el hombre, entonces bien no dan el tratamiento adecuado, o bien éste es excesivo respecto el problema de salud que presenta. Estas diferencias encontradas tienen más probabilidad de aparecer en sociedades industrializadas como la nuestra.
La impronta ajena sobre las emociones, más allá de la biológía, va a moldear la presencia o ausencia de unas frente a otras. Además de su abordaje y comprensión desde las ciencias de la salud. Ser conscientes quizás nos ayude a eliminar las diferencias y a entender cómo somos un poco mejor.

 

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