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28 de marzo de 2014

¿BUSCAR LA FELICIDAD?

¿Por qué buscar la felicidad? porque puedes. Tal vez sea por azar o porque ese día los astros se alinearon de una forma determinada, quien sabe, tal vez porque “Dios lo quiso”, pensaría un creyente. La cuestión es que naciste con una característica muy especial, naciste como ser humano. Y además de esa certeza, también estoy seguro de otra, de que tú estás ahí ahora, frente a las páginas leyendo estas líneas. ¿Y qué quiero decir con esto? pues que si tienes esa capacidad significa que eres un ser privilegiado, de entre las miles de especies que habitan este planeta, tú perteneces a aquella que posiblemente tiene más opciones de disfrutar su existencia, incluso a través de la lectura de unos símbolos impresos en una hoja. Y es que pudiste nacer gusano, incluso ameba, o tal vez gorrión, pudiste nacer coliflor o manzana, quien sabe, quizás como pulpo de ría, puede que hasta jirafa, pero el caso es que naciste como ser humano. Una obviedad para ti y los que te rodean, pero es una cuestión que llegamos a olvidar en tantísimas ocasiones que dejamos de percibir las posibilidades que eso supone. 


Vives el momento presente, mientras el tiempo va transcurriendo impasible, monótono, nunca sabes cuándo se va a terminar para ti. Así funciona esto. Puedes aprovechar la oportunidad que te ha tocado, la que tienes entre las manos, vivir tu vida para ser feliz conscientemente o dejarla pasar a expensas de que el azar se cruce en tu camino con situaciones que te agraden. Conseguir ser feliz no supone alcanzar una meta determinada, llegar al final de algo, eso como mucho nos hace sentirnos felices, momentánea y puntualmente.

Llegar a la felicidad, ser feliz es una forma que tienes de vivir la vida, es algo que se aprende, y una vez aprendido forma parte de nosotros, de ti, de lo que eres. De forma natural, con sencillez. Ser feliz conlleva interesarse por los aspectos que nos rodean, por las personas con las que nos relacionamos, aprovechando los pequeños y grandes momentos que vivimos.


15 de noviembre de 2013

¿Y SI LA FELICIDAD NO ES LA FELICIDAD?


-Maestro, qué conseguiré al alcanzar el Satori (iluminación)- le preguntó el joven monje a su mentor.-Conseguirás llegar a casa por la noche y dormir plácidamente- Le contestó éste.
 
Felicidad, no tenemos la fórmula. Y si la tuviéramos seguramente vivir sería mucho menos apasionante. Aunque hay intentos desde la ciencia de dar luz a la misma, de la Grecia clásica a nuestros tiempos. Si bien, en la última década ha habido un creciente interés de las investigaciones. Alimentadas éstas, en gran medida, por el auge de la Psicología Positiva y al amparo de su teorías. Entre la que destaca, básicamente, que la razón por la que tiene sentido vivir es para lograr ser feliz. Y este interés expansivo por su búsqueda hace que la imaginemos, que la queramos definir y describamos, incluso que la midamos.
 
En el año 2005, se desarrolló algo así como la fórmula de la felicidad, aunque me imagino a cada persona con su propia fórmula. Basándose en un diseño matemático, los investigadores desarrollaron la ratio de positividad, que así es como se llama. Describía la felicidad como una sucesión de experiencias positivas que se daban en la vida de la persona, resultándole gratificantes, placenteras, agradables. Y bien podía surgir de una experiencia emocional muy intensa, o de la suma de pequeños momentos. Concretamente señalaban que eran necesarios 3 acontecimientos positivos por 1 solo negativo para encender el motor de la positividad. ¿Solo?
 
 
 
 
Es tal la influencia de estas corrientes científicas en la sociedad, que a su amparo han surgido legión de profesionales y pseudoprofesionales, que de manera parecida al hazlo tú mismo, describen una felicidad, aparentemente al alcance de todos, pero que cuando uno examina detenidamente la letra pequeña, cae en la cuenta de la dificultad, por no decir imposibilidad de conseguirla. Como decía un afamado conferenciante internacional: “Huyamos de la preocupación, desterremos la tristeza, encierra el miedo en lo más profundo, pues lo mejor está por llegar, una vida plenamente feliz y optimista”.
 
Me parece imposible superar la adversidad sin esperanza, sí, pero también sin una cierta dosis de incertidumbre, igualmente ¿Cómo podríamos integrar las experiencias dolorosas, que nos permiten crecer y madurar sin tristeza?, ¿vivir sin miedo? Seríamos irresponsables en más de una situación, precisamente por faltarnos éste. ¿Acaso no nos sirve el enojo o la ira para defender nuestros derechos? Esta especie de buenismo infinito no parece ni humano, y puede convertirse en un deseo inalcanzable, precisamente por perseguirlo sin afán y queriendo dejar por el camino herramientas que son imprescindibles para obtenerlo. Se busca una felicidad idealizada, permanente, desmedida, que termina por convertirse en un sueño irrealizable. Esto causa frustración y dolor, por tanto no parece ser el camino a la felicidad buscada.

Ser feliz, por ejemplo, supone levantarse por la mañana y al abrir la ventana de la habitación, descubrir que ha llovido y cómo una grata sensación de humedad impregna el ambiente. Empezar el día saboreando una exquisita taza de cacao o puede que café, mientras tu programa favorito de radio suena de fondo. Implica sentir el placer de la caricia dada a tu animal de compañía, mientras inmóvil y agradecido, golpea suavemente con su cola el suelo. Escuchar el susurro de la tranquila respiración de tu pareja a tu lado, tal vez después de haber hecho el amor. Notar que una brisa invisible refresca tu cara al ir paseando por la calle. Descubrir cómo al perseverar en tus propósitos, consigues tus objetivos, y que por encima del elogio o reconocimiento de los demás, tú mismo piensas “¡bien hecho!”. Levantar el teléfono para hablar con tus amistades y más tarde coincidir en una agradable reunión, distendida, ociosa, quizás breve, pero con la promesa de volver a repetir. Notar que con un gesto tuyo de complicidad, surge la sonrisa de tu hijos y entonces te sientes íntimamente unido a ellos, y los ves crecer y conseguir sus metas, y piensas que todo esfuerzo vale la pena y volverías a repetir. Comer una vez más ese exquisito plato de pasta con salsa boloñesa, en un domingo cualquiera y la familia reunida…mientras se redescubre por enésima vez el álbum de fotos familiar y nos reímos de aquellas caras que teníamos, contando anécdota tras anécdota. Experimentar esa agradable sensación que nos invade cuando los párpados se sienten pesados y se van cerrando suavemente, frente al televisor o un libro, y entonces te sumerges en una placentera somnolencia, e inicias tu habitual siesta…Maravillarte una vez más por ese paraje que te rodea, ya sea verde y azul de bosque y cielo, ya sea azul y marino de cielo y mar, para zambullirte en el frescor de esa playa…
 
 
¿Y si la felicidad que necesitamos no es la felicidad que soñamos? La primera está a tu alcance, como le dijo el maestro a su joven monje, la otra, los que la predican sabrán.
 

18 de octubre de 2013

QUIEN SABE REIR SABE CURAR (SE)


Imagina por un momento que entras en una habitación donde hay personas riendo, las observas y preguntas: “¿Qué ocurre, de qué os reís?” Pero nadie contesta, siguen riendo a carcajada limpia, algunos incluso tienen lágrimas en los ojos de tanto reír. ¿Cómo reaccionas tú?

Una sonrisa parece que ilumina el entorno de quien la expresa, y es difícil mantener el semblante serio ante la misma. Nacemos con la capacidad de sonreír, algo que de niños hacemos en centenares de ocasiones al día, pero que de adultos apenas mostramos. Maduramos adquiriendo normas sociales de convivencia y construimos una imagen de nosotros ante los demás respetuosa, seria, rígida y adulta, y de repente dejamos de reír, estamos como encorsetados en nuestra imagen.


Actualmente hay una gran oferta de cursos en torno a la risa. Y en muchos procesos de formación las técnicas de risoterapia abundan como estrategias deshinibitorias o de cohesión del grupo. A los asistentes se les pone en situaciones que provocan una cierta tensión emocional, como vergüenza, con el  ánimo de liberar la risa, de romper este imaginario corsé de rígida madurez, y a través del juego y de la música expresar emociones. Y lo cierto es que funciona. Pero la risoterapia no es, únicamente, un conjunto de estrategias, además es algo que podemos aprender a hacer en nuestra vida diaria, para encajar muchas de esas circunstancias que nos afectan, para disfrutar de nuestras relaciones con intensidad. La risa por sí sola puede llevarnos a generar un estado emocional placentero.

 
        Y es que risoterapia ante todo, es una actitud vital en la que, el sentido del humor ocupa un lugar privilegiado de entre las características personales. Cuando hablo de sentido del humor no me refiero a ser capaces de reírse de todo y de todos, sino a saber entender la vida y sus circunstancias de una forma más agradable, más optimista. Lo que nos lleva a vivir sin un sufrimiento extra. Y esto también vale para los profesionales, sobre todo cuando pretendemos que la persona adquiera mayor flexibilidad en su manera de pensar o actuar, sin permitirnos lo mismo en nuestra manera de relacionarnos.

        En una ocasión alguien me dijo que entendía la necesidad de mi trabajo, pero que lo veía triste y en ocasiones desagradable. A lo que contesté: Nada de eso, ni te imaginas lo que nos reímos los neuróticos!

El sentido del humor busca nuestro bienestar y nos induce a estados de relajación, asimismo, consigue que seamos más tolerantes ante los demás, por lo tanto tiene una enorme utilidad ante la frustración. Se encarga de r-e-l-a-t-i-v-i-z-a-r la seriedad de la vida y puede entenderse como un rasgo positivo de personalidad. Puedes aprender a vivir con sentido del humor para ello has de acostumbrarte sobre todo a identificarlo. Desde la sutil ironía hasta un estallido de carcajadas, las tonalidades del humor son amplias y variadas.
 
 
 

4 de octubre de 2013

DIA INTERNACIONAL DE LA FELICIDAD

Es tan cierto que la felicidad hay que trabajarla y buscarla, pues a pesar de poder experimentarla no está en nosotros, que es necesario hacer un Día Internacional de la Felicidad, para recordarnos que está ahí, y nos la merecemos.
 
         Miguel de Unamuno decía: “Una de las ventajas de no ser feliz es que puedes desear la felicidad”. “¡Ah! ¿pero es que hay que desearla?”. Ciertamente esto es lo que opina mucha gente, cree que ser feliz es algo que ocurre de forma azarosa, sin control ni premeditación, y en ocasiones es así. Pero hay una importante distinción que señalar, una cosa es sentir felicidad por un acontecimiento que ha ocurrido, es decir, “me siento bien” y otra muy distinta mantener esa emoción hasta convertirla en un estado estable, o sea, “estoy bien, soy feliz”. Esta última expresión es común en aquellas personas que buscan su felicidad, que se esfuerzan en ser felices y optimistas y generalmente lo consiguen, incluso aunque no estén muy dotadas para ello.
 
 ¿Buscar la felicidad? ¿Por qué?, porque puedes. Tal vez sea por azar o porque ese día los astros se alinearon de una forma determinada, quien sabe, tal vez porque “Dios lo quiso”, pensaría un creyente. La cuestión es que naciste con una característica muy especial, naciste como ser humano. Y además de esa certeza, también estoy seguro de otra, de que tú estás ahí ahora, leyendo estas líneas. ¿Y qué quiero decir con esto? pues que si tienes esa capacidad significa que eres un ser privilegiado, de entre las miles de especies que habitan este planeta, tú perteneces a aquella que posiblemente tiene más opciones de disfrutar su existencia, incluso a través de la lectura de unos símbolos impresos. Y es que pudiste nacer gusano, incluso ameba, o tal vez gorrión, pudiste nacer coliflor o manzana, quien sabe, quizás como pulpo de ría, puede que hasta jirafa, pero el caso es que naciste como ser humano. Una obviedad para ti y los que te rodean, pero es una cuestión que llegamos a olvidar en tantísimas ocasiones que dejamos de percibir las posibilidades que eso supone.
 
         Vives el momento presente, mientras el tiempo va transcurriendo impasible, monótono, nunca sabes cuándo se va a terminar para ti. Así funciona esto. Puedes aprovechar la oportunidad que te ha tocado, la que tienes entre las manos, vivir tu vida para ser feliz conscientemente o dejarla pasar a expensas de que el azar se cruce en tu camino con situaciones que te agraden. Conseguir ser feliz no supone alcanzar una meta determinada, llegar al final de algo, eso como mucho nos hace sentirnos felices, momentánea y puntualmente.
 
          Llegar a la felicidad, ser feliz es una forma que tienes de vivir la vida, es algo que se aprende, y una vez aprendido forma parte de nosotros, de ti, de lo que eres. De forma natural, con sencillez. Ser feliz conlleva interesarse por los aspectos que nos rodean, por las personas con las que nos relacionamos, aprovechando los pequeños y grandes momentos que vivimos.

30 de septiembre de 2013

FIBROMIALGIA, ACEPTAR LO INACEPTABLE


"Acéptalo de una vez". Cuantas veces como profesionales hemos podido utilizar esta expresión, o alguna similar. Y cuantas la habremos oído. Y es que resulta fácil decir que tienes que aceptar tu situación, o tu enfermedad, o que esto es lo que hay y no te queda más remedio que someterte. Y cuando se dice parece que se pueda hacer de manera inmediata. Sin embargo, habrás comprobado que lo que se dice aceptar, cuesta aceptar lo que pasa. Te cuesta a ti y le cuesta a los tuyos. Nos cuesta a todos.

         Cuando piensas que has de aceptar una situación, como por ejemplo la aparición de la fibromialgia en tu vida, parece que realmente lo que tengas que hacer es considerar esa situación como aceptable (admisible, pasable, razonable, apta, conveniente, grata, agradable, y así muchos más sinónimos). Es decir, como si tuvieras que contentarte o incluso sentir satisfacción por la misma. Lógicamente eso sería casi una locura. Esto no es aceptar.
 
Aceptar no significa tolerar el dolor, ni que tengas que sentir satisfacción porque la FM se ha instaurado en tu vida. Tampoco es resignación y tener que conformarte, como si no estuviera: «A mí la fibromialgia no me para, yo no presto atención y hago todo lo que quiero, aunque es verdad que luego llega un momento en que me paso cinco días en cama sin poder moverme». No me extraña, pero esto no es aceptarla, esto es negarla.

Aceptar es mucho más que pensar o decir: «Lo sé, tengo una enfermedad que me limita, así son las cosas». Este pensamiento es el comienzo de la aceptación, pero aún queda camino por recorrer. Pues a veces pensamos de esta manera, pero nos comportamos de manera contraria, como si realmente no creyéramos en lo que pensamos. Entonces ¿en qué consiste aceptar?

Aceptar es comprender. Comprender íntima y profundamente que las cosas han cambiado. Tú has cambiado, tu realidad ha cambiado. Pero no es sólo algo racional, un pensamiento, también es algo afectivo, una emoción, y por supuesto una conducta. Pero no una conducta cualquiera, una conducta activa de afrontamiento, no vale la pasividad, que sería como decir: «No hago nada, me dejo llevar». Esto es como no querer ver lo que hay. Porque la situación te está pidiendo que actúes, tu cuerpo te está pidiendo que actúes, tu entorno te está pidiendo que actúes, tu vida está esperando a que cojas las riendas y dirijas.

         El proceso de aceptar, por tanto, conlleva responder a las siguientes cuestiones: « ¿Qué ha cambiado? ¿Cómo ha sido este cambio? ¿Cómo me siento al respecto? ¿Cómo voy a vivir a partir de ahora?» Aceptar lo que la fibromialgia conlleva en tu vida, es aceptar quien eres. Te libera del rechazo a ti mismo y del dolor que esto produce. Y significa tener conocimiento de tres aspectos:

  • Tú existes como ser único 
  • No hay ninguna razón por la que deberías ser diferente a como eres
  • No eres una persona ni digna ni indigna




Por tanto, aceptar ya es una manera de superar.

 
 


 

24 de septiembre de 2013

OPTIMISMO Y FIBROMIALGIA (el derecho a escoger)


Cada persona está en su legítimo derecho de vivir, experimentar y expresar sus circunstancias como considere o pueda. Esto es así en la salud, pero también cuando esta falta, como ocurre en la fibromialgia. Exigirle lo contrario generalmente no sirve de nada. En este sentido, hay quién se siente tan impregnado por su sufrimiento, tan desencantado de lo mucho o poco que se ha hecho por ellos, que no quieren oír hablar de nada que logre reflejar optimismo, esperanza o ilusión por lo que pueda venir. Hay que aceptarlo, incluso comprenderlo, aunque cueste. Esa es su posición frente a la enfermedad. Aunque lógicamente esto no sólo no ayuda, sino que perjudica. Por el contrario, quien se permite alimentar el optimismo en su interior, consigue resultados beneficiosos.



 
Teniendo claro que ser optimista no significa levantarse por la mañana con el cuerpo intensamente dolorido y la mente espesa por la falta de sueño, y pensar: «El dolor se va ir, nada me perturbará y el día será maravilloso». No, esto no es optimismo, ni un pensamiento positivo. Esto es irreal. Y tu fibromialgia es real, muy real. Por tanto hay que tenerla en cuenta, no negarla. Optimismo es pensar que a pesar del dolor y la niebla mental, posiblemente, hay algo que puedas hacer en ese preciso instante para sentirte mejor. Entonces buscas en tus recursos, entre tus aprendizajes, aquello que alivia tu dolor, aquello que acalla tu angustia, aquello que desentumece tu cuerpo. Cuando permites que esto ocurra, tal vez estés construyendo un día mucho mejor para ti. Esto sí es optimismo.

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